Tras un bien aprovechado verano, de asueto, relajo, diversión y una dosis holgada de desconexión del frenesí en el que vivimos inmersos frecuentemente, regresamos reactivados/as y con la energía necesaria para transitar el periodo venidero.

No siempre es fácil esta incorporación. De hecho, una parte nada despreciable de la población, no la vive con naturalidad sino que la padece de manera reiterada, hasta el punto que se ha definido y nombrado con el término de síndrome post-vacacional.

Sin embargo es este un momento prometedor, o puede serlo si nos disponemos a observarlo con la determinación de descubrir en él lo que nos ofrece en lugar de quedarnos en llorar lo que nos arrebata.

El otoño, en nuestra estructura social, representa la puerta de entrada a un laberinto de posibilidades.

Tras el merecido descanso estival, retomamos los quehaceres habituales con una energía renovada que dará magníficos frutos si la focalizamos y la dirigimos con entusiasmo y acierto.

En consecuencia, es la época perfecta para echar a andar proyectos, para dar forma a nuevas ideas, para estrenar colaboraciones o materializar hipótesis; es el momento adecuado para transformar, remodelar, retocar, innovar o impulsar las actividades que dejamos a la espera unas semanas atrás o, por qué no, para reemplazarlas por otras que nos aporte mayor satisfacción.

También es este el comienzo de una nueva fase para los estudiantes de todas las edades y para sus familias que encaran el reto de un curso escolar o universitario. Sin duda, esta empresa exigirá una buena dosis de motivación y dedicación encaminadas a obtener unos resultados satisfactorios tanto en términos de aprendizaje y capacitación como lo referente a las siempre inquietantes calificaciones.

Todo trabajo intelectual precisa, para ser eficaz, de una serie de cualidades que debemos poner en acción de manera coordinada.

El cerebro es el órgano de nuestro cuerpo que más aportes demanda. Aunque representa menos del 2% del peso corporal, consume más del 20% del oxígeno y de la glucosa y requiere un aporte continuado y estable de nutrientes para poder cumplir con su elaborada y especializada fisiología.

En consecuencia, si deseamos un buen rendimiento intelectual, será muy conveniente que prestemos atención y cuidado a la alimentación cotidiana, porque los alimentos son la base de los nutrientes que el cerebro recibe a través de la sangre y determinan el estado de todos los tejidos implicados en sus procesos.

Toda persona interesada en conseguir una capacidad de concentración y/o de estudio eficaz obtendrá magníficos resultados incorporando unas cuantas recomendaciones  a sus hábitos culinarios.

Hagamos un pequeño análisis sobre los requerimientos del proceso de estudiar-aprender que sin duda, es aplicable también al trabajo.

A priori, resulta complicado conseguir una buena calidad de estudio si no ponemos en marcha la suficiente capacidad de concentración.  Esta parece ser una cualidad interesante para un aprendiz de cualquier edad.

Ante una clase, una lectura, un trabajo individual o en equipo, una exposición o cualquier otro método de aprendizaje debemos poner en marcha una buena dosis de atención; la habilidad para centrar la atención en un proceso determinado es en buen augurio respecto al éxito.

Con este primer cabo amarrado está uno en disposición de observar y tomar medida a los temas que deberá manejar; será esa observación centrada y activa quien permita diseñar el plan de trabajo. Qué tengo que estudiar-aprender. Cuál es su complejidad.

A continuación llega el momento de poner en orden los conceptos seleccionando, clasificando y estableciendo prioridades. Qué es lo realmente importante. Por dónde debo comenzar.

Esto permite hacerse con la materia que hay que trabajar y situar el marco de estudio; ordenarlo, valorarlo y distribuirlo en el tiempo y el espacio.

Qué dedicación me va a exigir. Cuánto tiempo me llevará y cómo distribuiré el trabajo en el tiempo de que dispongo.

La capacidad de resumir es, sin duda, otra magnífica herramienta de estudio; a partir de ella se facilita enormemente la memorización que, aunque frecuentemente sobrevalorada, también es interesante y valiosa. Dónde está la esencia del tema. Cuáles son los puntos estructurales. Qué es importante recordar.

plan-de-estudio
No cabe duda que el proceso de estudio demanda una cierta medida de perseverancia y dedicación; no basta con focalizar la atención, sino que es preciso además mantener esa atención durante tiempo suficiente y con la suficiente intensidad. Ponerse a estudiar con mucho empeño y mantenerlo cuatro minutos no suele desembocar en resultados espectaculares.

Pero no debemos olvidar que el estudio eficaz no consiste invariablemente en enfrentarse a un libro de texto o a un montón de apuntes o informes o a la repetición constante de sumas o trazos de letras. Las técnicas y las herramientas de aprendizaje son infinitas y las habilidades que contribuyen a la consecución del éxito son igualmente variadas.

Por ello, hay otras cualidades antaño desprestigiadas y hoy en consideración creciente que potencian la eficacia del estudio-aprendizaje.

La agilidad mental es tan valiosa como la propia capacidad de concentración.
No basta con saber qué materia se maneja; es necesario desarrollar una amplia visión de conjunto que permita integrar lo que hoy se tiene entre manos con lo que se hizo ayer o el año pasado.

Igualmente, una actitud abierta potencia la habilidad para relacionar conocimientos adquiridos separadamente, para establecer nexos entre campos diferentes del saber y para conseguir una comprensión eficaz, global, no compartimentada y aplicable a la vida.

Esa mirada con perspectiva dará pie a la relativización y al cuestionamiento de lo establecido y permitirá andar hacia nuevos horizontes y evolucionar.

Si perseguimos un aprendizaje sólido basado en la integración y en la capacidad de crecer, habremos de ejercitar la indagación y la experimentación. Ambas serán alentadas y potenciadas por el maravilloso motor de la curiosidad, la inquietud y el deseo de ir más allá de lo conocido.

Es realmente interesante para alcanzar esta disposición, contar con una buena dosis de juego.

Jugar es una excelente herramienta de aprendizaje, de estudio y de trabajo, y no solo para los escolares.

Al jugar se despierta la imaginación y la atracción por el reto, se pone en marcha la creatividad y se estimula la elaboración de hipótesis atípicas y la generación de ideas. Esto es realmente interesante.

jugar
Llegado este punto, podría parecer que afrontamos demandas difíciles de ensamblar.

¿Cómo meter en un mismo lote concentración, atención, curiosidad, orden, inquietud, memoria, experimentación, concreción, juego, imaginación…?

¿Son pretensiones contradictorias? Lo cierto es que son actitudes perfectamente compatibles si se estructuran desde el equilibrio.

Los dos principios que rigen la Salud son el Equilibrio y el Movimiento.
Curiosamente son también los objetivos de la Macrobiótica. Desde ella obtenemos informaciones muy valiosas para afrontar el tema que nos ocupa.

Cada alimento porta una energía determinada que, al ser ingerido, entra a formar parte de nuestro cuerpo.

Dicha dotación energética puede ser de contracción o de expansión, de centrado o de dispersión, centrípeta o centrífuga… coexistiendo ambas polaridades, pero en muy diferentes proporciones según el caso.

Consumiendo alimentos extremos constantemente, perderemos de vista la equidad y con ella la salud; aportaremos un exceso bien de fuerza contractiva o bien de dispersión que, si se mantiene, habrá de crear problemas, de igual modo que una planta puede morir tanto por exceso de sequedad como por exceso de humedad.

En uno y otro supuesto, se verán mermadas las habilidades para el estudio-aprendizaje.

Por ejemplo, el azúcar o el alcohol disminuyen drásticamente la concentración, dificultan la capacidad para fijar y mantener la atención y sobre estimulan la inquietud, rompiendo el equilibrio que permitiría disfrutar de ambas. Esta inquietud desbordada es el germen de una hiperactividad ineficaz y sin objetivo.

Las carnes, los huevos o los alimentos muy salados actúan de modo opuesto; portan una intensa energía de contracción, mientras entorpecen la agilidad mental, la curiosidad, la imaginación y la creatividad.

Quien desee sumar todas las capacidades en pos del éxito habrá de basar su dieta en alimentos energéticamente compensados en sí mismos; alimentos naturalmente diseñados para permitir la alternancia entre cualidades opuestas hasta hacerlas complementarias.

Recomiendo para ello basar la alimentación en el uso cotidiano de cereales integrales como el arroz, mijo o cebada, de quinoa o alforfón, de legumbres, verduras de temporada, semillas naturales, algas y productos marinos.

cereales
Por supuesto, cada persona tiene su idiosincrasia y en base a ella habrá que definir los detalles de sus necesidades; pero una estructura básica con el empleo regular de alimentos de predominio vegetal y sobre todo de granos integrales, así como el uso de productos ecológicos y frescos, beneficiará palpablemente a todas.

El aprendizaje óptimo llega con la disponibilidad y la fluidez para bascular, según demanda, entre el estar centrado y focalizado sobre un asunto equis y el abrirse a nuevos horizontes sin mirar atrás.

Una alimentación macrobiótica aporta la agilidad necesaria para saltar de lo cercano a lo lejano, pasar de lo concreto a lo indefinido y viceversa. Facilita la tarea de congregar las potencialidades de ambos hemisferios cerebrales y de aprovechar los recursos que nos ofrece la parte de nuestro cerebro que habita más allá de la racionalidad.

El equilibrio en movimiento es fuente de aprendizaje y bienestar.

Fdo.: Paz Bañuelos Irusta

(Publicado en Vida Natural, nº Otoño 2014)