Desde este periodo de la vida sobre el que, por cierto injustamente, se ciernen demasiadas sombras, propongo verter un enorme caldero de luz.

Con este fin, vamos a poner sobre la mesa (y nunca mejor dicho) estrategias que iluminen su transcurrir; estrategias accesibles y sencillas que despejen el horizonte y planteen opciones de mejora.

…Y lo vamos a hacer a través de la Nutrición que nos ofrece un amplio abanico de enormes posibilidades, si sabemos utilizarla a nuestro favor.

Su primera ventaja radica en que se trata de una herramienta al alcance de la mano, con la que obtendremos bienestar y salud desde la autonomía más absoluta y, además, de manera altamente eficaz.

Todas sabemos que nuestro organismo recibe a través de la alimentación la materia prima con la que llevar a cabo sus procesos, desde la producción de energía y de sustancias hasta la reparación y construcción de estructuras. Por ello, la selección que hagamos de dichos materiales y su calidad determinará en buena medida el resultado final y, por tanto, el estado y la salud de órganos, tejidos y sistemas corporales.

Así que, ineludiblemente, habremos de diseñar con esmero nuestro plan alimentario.

Por un lado, vamos a necesitar un aporte completo de nutrientes de primera línea que abastezcan las necesidades y, por otro, hemos de contar con un requisito prioritario: lo que comamos habrá de mantener limpias las células y su entorno. De no ser así, crearemos un organismo cada vez más intoxicado a costa de acumular basuras que interfieren la posibilidad de una función metabólica eficiente y que, en consecuencia, impiden que vivamos en un cuerpo saludable.

La menstruación supone, entre otras cosas, una vía de drenaje y eliminación de sustancias innecesarias en cada sangrado; cuando cesa, hemos de poner un cuidado extra en evitar acumular toxicidad.

Para comenzar con el programa de mejoras propongo eludir o ir reduciendo progresivamente (según la situación y la elección de cada cual)  los productos que suponen un obstáculo a esta premisa de salud que es “nutrir sin ensuciar”.

En este propósito, nos vamos a topar con algunos ingredientes presentes en la alimentación estándar actual, a veces claramente visibles y con frecuencia camuflados.

Es el caso de los químicos añadidos a los alimentos a lo largo de todo su proceso de producción, tanto en el cultivo de vegetales o como en la crianza de ganado. Con ellos se tratan los terrenos de cultivo para evitar el desarrollo de otras hierbas no deseadas, se trata la semilla para hacerla resistente a plagas,  la planta durante su desarrollo, el fruto en sus diferentes etapas, también una vez cosechado para controlar su maduración, aspecto, color… se administran sistemáticamente medicamentos a los animales incluso a través de los piensos… ¡Todas estas sustancias entran en nosotras a través de la alimentación!

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Por supuesto, la elaboración de derivados como es el caso de los aceites o las harinas conlleva procesos de refinado (término confuso que esconde un importante deterioro del producto original) y tratamientos que incrementan la extracción o la conservación en detrimento de la calidad.

Los aditivos empleados por la industria alimentaria con el fin de alargar el periodo de caducidad de los comestibles o de influir su aspecto organoléptico: conservantes, edulcorantes, colorantes, potenciadores del sabor, espesantes, espumantes, etc. en absoluto son beneficiosos para quien los consume. Unos u otros están presentes con profusión en envasados, precocinados, panadería y galletería/bollería, cereales de desayuno, postres industriales y lácteos, bebidas, embutidos, sucedáneos…

Es primordial, a la hora de decidir qué alimentos entrarán en nuestra casa, optar por los frescos y con menor manipulación para gestionarlos y cocinarlos en nuestras cocinas.

Hay otros elementos que boicotean reiteradamente el bienestar durante el climaterio; algunos de ellos demasiado familiares en nuestra cultura y, casi, considerados imprescindibles…  pero que para nada lo son.

El azúcar en todas sus formas es un enemigo declarado. Agota los neurotransmisores cerebrales, la vitamina B y el magnesio y favorece la inflamación (Dr. O’Byrne). Sacarlo de la dieta habitual es un verdadero acierto; eliminarlo por completo es un acto de amor hacia una misma.

Los lácteos no solo son innecesarios, sino que su consumo crea problemas importantes a nivel de todas las mucosas (digestivo, respiratorio, otorrinolaringológico…) y exacerba las alergias. ¿No te parece que hace ya muchos años que superamos la edad de lactantes? Prueba a vivir sin ellos y te asombrarán los resultados.

El alcohol aporta gran cantidad de calorías vacías, nos lleva al sobrepeso, daña los órganos y acelera el envejecimiento siendo una fuente importante de radicales libres que nos oxidan y deterioran los tejidos.

Las carnes… para la mayor parte de las mujeres, cuanto menos mejor. Aporta mucha toxicidad y una energía muy densa que en absoluto nos favorece. Y… si vas a consumir carne en alguna medida, que sea ecológica, por favor.

…Has de saber, en cuanto te decidas a poner en marcha este ambicioso y exitoso plan…  que si llegamos hasta aquí, ya habremos iniciado el indispensable y prioritario proceso de higienizar el terreno; habremos dejado de ensuciar. Estaremos en el lugar adecuado para permitir a nuestro cuerpo empezar con sus tareas de depuración y establecer la base del equilibrio-salud.

Digamos que los cimientos quedan construidos.

Cubierta esta primera fase, sin duda, empezarás a sentir los beneficios.

A partir de este momento, sugiero optar por una apuesta mayor y empezar a sembrar sobre ese sustrato establecido.

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Hasta ahora hemos hablado de lo que debemos “evitar”. Sin embargo, para retirar ciertos alimentos de la dieta habitual es conveniente contar con otros que ocupen su lugar. Así todo resultará más sencillo. Vamos ahora a completar esa faceta.

Partiendo de la idiosincrasia y las necesidades específicas de esta etapa vital, podemos determinar las características de una alimentación óptima que provea al organismo de los recursos indispensables para gestionar la situación satisfactoriamente.

Desde una visión energética, en esta fase las mujeres mostramos una mayor tendencia a acumular y retener; esta particularidad ya venía determinada por la identidad hormonal propia de la mujer y es acentuada por la redistribución hormonal de la menopausia, así que hay que contar con ella.

¡No pasa nada! Tenemos recursos.

Como compensación, lo aconsejable es dar prioridad a alimentos y preparaciones culinarias que favorezcan la fluidez y que faciliten la eliminación de todo lo no útil. Así que empezaremos incluyendo un alto porcentaje de alimentos de origen vegetal, que son claramente más depurativos y contribuirán a evitar inconvenientes como el sobrepeso, los golpes de calor y los sofocos, insomnio…

Recurriremos a verduras frescas, naturales, ecológicas y de temporada que, ineludiblemente, han de estar presentes en cada ingesta del día, incluyendo con frecuencia hortalizas de hoja (col-berza, escarola, berros, grelos, rúcula, hojas de nabo/rábano, endivia, puerro…) que son las reinas de la flexibilidad, el drenaje y la adaptabilidad.

Se combinarán con las raíces (zanahoria, nabo, cebolla…) con variedades  de formato redondeado y con rastreras y trepadoras, porque cada una de ellas aportará un tipo diferente de energía diseñando en conjunto un efecto equilibrador.

Por supuesto, hemos de asegurar un exquisito aporte de nutrientes, que a través del medio inter-celular impecablemente limpio ha de llegar a cada célula del cuerpo para asegurar su correcta función.

Esto supone que, a la hora de seleccionar esos vegetales que hemos señalado como fundamentales, tendremos que ampliar el abanico más allá de las afamadas frutas y verduras; estas son imprescindibles, pero insuficientes sin el soporte de alimentos que contengan una mayor concentración de los obligados principios inmediatos: proteína, carbohidratos y lípidos o grasas.

Para cubrir esta demanda, daremos un lugar de honor a los cereales integrales; pero… ¡atención!  …cuando digo “cereales integrales” me refiero exclusivamente a cereales integrales en grano (arroz integral, mijo, cebada, avena, quinoa…) crudos, enteros y ecológicos, en forma de semilla completa que coceremos en casa. De ellos vamos a obtener múltiples beneficios, un aporte magnífico y ponderado de nutrientes esenciales y una eficiente protección de toda la mucosa digestiva y por tanto de la beneficiosa flora intestinal y del tejido mucoso de todos los sistemas orgánicos. Esto es básico para la salud general.

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La hidratación es otro reto planteado por la edad… y no se resuelve bebiendo tres litros de agua al día. Es la cualidad de lo que comemos quien determina el nivel de hidratación de los tejidos. Gestionamos mejor el agua que comemos que el agua que bebemos; con ello quiero decir que son los alimentos quienes tienen que contener el agua asociada a sus componentes. Los alimentos animales curados o salados, los cocinados a la brasa, al horno o asados promueven la sequedad y envejecen.

En contraposición, en el reino vegetal contamos con otras convidadas inexcusables en la dieta habitual: las leguminosas (lentejas, garbanzos, judías…) Proporcionan un aporte de nutrientes a raudales en cohesión perfecta con fibras y agua; y… además, proteínas, glúcidos complejos y valiosos ácidos grasos esenciales en proporciones de lujo.

Si existe un desafío global para este precioso proyecto, será potenciar al máximo la capacidad de auto-restauración del organismo.

Es esta una habilidad otorgada a los seres vivos: el talento innato de regenerar sus componentes. Para que esta potencialidad se mantenga vigente a lo largo de los años, es imprescindible contar con el aporte de la mejor de las materias primas y conservar un terreno inmaculado y bien oxigenado y un metabolismo activo y eficaz. De este modo, el cuerpo seguirá generando nuevas células en sus huesos, en la piel, en los órganos, en la sangre… que sustituirán a las que van envejeciendo, tal como lo ha hecho a lo largo de toda la vida.

Aquí reside el secreto contra la rigidez y la degeneración articular, la arterioesclerosis, la hipertensión, osteoporosis…

Otro punto importante a la hora de gestionar nuestra alimentación reside en el modo de manipular y cocinar los alimentos. Las diferentes técnicas culinarias influyen definidamente en el resultado energético de lo que comemos. La variedad en los métodos empleados es un buen punto de partida, pero siempre teniendo en cuenta el estado personal y la climatología del momento.

Habremos de asegurarnos de no abusar de las preparaciones que resecan como los asados a la brasa, el horno, los fritos, plancha… especialmente en las estaciones calurosas. Los hervidos, el vapor, los escaldados han de tener mayor presencia. Las ensaladas y los crudos, en general, acompañan bien al verano y a las altas temperaturas, si se alternan con otras variantes cocinadas.

En estas recomendaciones generales habrá que considerar diferencias individuales así cómo posibles disfunciones (dificultades digestivas, etc.)

Por tanto, en resumen, hemos de conseguir un medio corporal limpio y bien nutrido en el que las funciones orgánicas se desarrollen con elocuencia; hemos de procurar las condiciones necesarias para una función metabólica altamente eficaz. Este escenario irá acompasado con una energía restauradora y tonificante que alimente la vitalidad y, al tiempo, fresca y fluida para aportar a los tejidos la humedad adecuada, sin exceso ni defecto.

¿Quién diría “no quiero” ante la oferta de una madurez vital y liviana, soportada por un cuerpo tonificado y resistente? ¿Cómo decir “no quiero” a la propuesta de avanzar en edad desde el bienestar físico, mental y emocional, desde la apetencia y la disposición y desde la serenidad de espíritu?

El Equilibrio es la base ineludible, pero no un equilibrio congelado, sino un equilibrio en movimiento constante, vital y regenerador que es quien realmente sustenta la Vida.

Obtendremos pequeños beneficios si incorporamos pequeños cambios… y serán grandes y evidentes las mejoras si decidimos ir más allá.

Cada cual marcará su ritmo y su momento…

 

Te deseo un muy feliz y luminoso tránsito.

El camino promete sustanciosos y muy disfrutables beneficios para una menopausia, no solo sin sobresaltos, sino plena de placeres.

Fdo.: Paz Bañuelos Irusta
— (Getxo, junio de 2017) —

Publicado en www.homeopatasevilla.com