¡Qué buen plan!¡A quién no le cosquillea el cuerpo pronunciando este titular!

Tras once meses de actividad laboral más o menos continuada, tomamos cuando menos con agrado este momento del año.

Dejar de lado el apremio del reloj y la carrera contra ese listado de asuntos por atender que se renueva cada día como si de una cinta sin fin se tratara, mientras nos empeñamos en el objetivo constante, y no siempre logrado, de saltar de esta rueda y dejarla pasar de vez en cuando.

Con las vacaciones se abre el horizonte y ante nuestros ojos aparece un escenario despejado y diferente en el que desplegar esos proyectos deseados y esbozados a lo largo del invierno. Olvidar el calendario y los horarios durante unas semanas es realmente un placer demasiado escaso en nuestra sociedad embriagada de exigencias y estrés.

Así, nos disponemos a cerrar la carpeta del trabajo y la profesión para mirar más allá de las ocupaciones habituales. Es el momento de llenar un espacio-tiempo diáfano para compartimentarlo o no a nuestro antojo.

Son infinitas las posibilidades; tantas como deseos se puedan tener.

Quizá el plan sea disfrutar de la casa, las amistades y el entorno cotidiano al margen de las prisas. Quizá se espera con ansia el momento de salir de la gran ciudad para refugiarse en ese pueblo pequeño que acompañó los años de infancia y que hoy nos acoge con su ritmo pausado y familiar.

Quizá el propósito del año sea viajar a un lugar exótico o sumergirse en una experiencia de aventura que deje atrás la inercia y nos embarque en situaciones nuevas e inesperadas.

Tal vez, visitar una ciudad emblemática…hacer turismo cultural… recorrer el país o el continente en una caravana… ¿por qué no?

Las costas del mundo, cercanas o distantes, recogen cada verano multitudes dispuestas a empacharse de sol y mar, disfrutando del asueto de un clima estival y de los azules y sugerentes horizontes.

Unas vacaciones de monte y naturaleza, para quienes añoran perderse más allá de la civilización, mochila al hombro.

Todo está sobre la mesa para que cada cual tome el traje más a su medida y saque chispas a ese cotizado, y frecuentemente escaso, tiempo disponible.

Este panorama tan apetecible plantea, en ocasiones, un reto añadido para las personas que siguen una estructura alimentaria diferente a la estandarizada.

Con cierta frecuencia está en el aire la incertidumbre respecto a cómo voy a organizarme con las comidas en un contexto tan fuera de lo habitual.

Lo primero, tranquilidad. Para eso son las vacaciones; para alejar las preocupaciones y poner un poco de distensión en el ajetreo de la vida.

Una persona que, por elección y decisión propia, cuida habitualmente de su alimentación y se encuentra en un buen estado de salud, puede sin duda relajar los planteamientos al respecto cuando se plantea un viaje o una estancia fuera de su hogar.

Una situación bien diferente es la de quien por enfermedad se ha visto obligado a acatar una serie de restricciones, que vive como no elegidas y siente como una prohibición o un castigo que le impide comer lo que le apetece a cada momento. Planteado el tema desde esta perspectiva, la reacción inevitable, a la menor ocasión, es escapar de la imposición y darse el gustazo de engullir  a dos carrillos aquello con lo que se sueña cada día y que reiteradamente le es negado o se niega. Este modo de plantearse la comida es absolutamente erróneo y está abocado al fracaso.

Para quienes han optado conscientemente por diseñar su propia forma de alimentación en favor de su salud física, mental y emocional, especialmente si se mueven en la esfera macrobiótica, intentaré exponer opciones vacacionales alternativas, sentadas al filo de lo establecido por esta disciplina y con los pies en la realidad culinaria global; sencillas pero eficientes fórmulas dirigidas a mantener unos mínimos aceptables que cuidarán nuestra salud sin que nos compliquemos las vacaciones.

Incluso si veraneamos en casa propia o en un apartamento en donde tenemos la intención de comprar y cocinar a diario, esta época ofrece con frecuencia situaciones especiales respecto al resto del año. Pasar el día en la playa o en el monte, por ejemplo, plantea la necesidad de elaborar un almuerzo suficientemente consistente como para cubrir el día y las exigencias de la actividad a realizar.

Aquí los cereales integrales constituyen una base excelente para cualquier preparación.

Por ejemplo, un pastel de mijo preparado con cebolla picada y salteada; se agregará sobre ella el mijo, agua y sal marina y se cocerá hasta que seque. Dejándolo reposar y enfriar en un molde, compactará dando un resultado perfecto para ser transportado, delicioso para tomar a temperatura ambiente, consistente y sabroso; recomiendo acompañarlo con verduras variadas ligeramente hervidas y aderezadas al gusto, para darle frescor, agilidad y mayor jugosidad.

comida
Otra excelente solución, en estos casos, pasa por preparar una buena ensalada con una base abundante de arroz integral, de quinoa o de cebada. El procedimiento para su elaboración es sencillo. Una vez cocido el cereal, lo acompañaremos con verduras crudas o ligeramente hervidas y/o cocinadas al vapor, según preferencia. Podemos incluir una selección de hojas variadas como berros, rúcula, escarola, endivia… o diferentes tipos de col; la zanahoria y el nabo se comportan muy bien si las rallamos y mezclamos con un poco de umeboshi o si se cuecen 3 minutos. Pepino, rabanitos y maíz cocido también dan un buen resultado. Para darle un toque diferente, se pueden agregar unas aceitunas o pasas sultanas. Un puñadito de semillas de girasol, sésamo o calabaza enriquecerán el plato; sería conveniente tostarlas dos minutitos y dejarlas enfriar antes de agregarlas. Para condimentar se puede optar por poner un poco de chucrut ecológico, unas gotas de vinagre de umeboshi, zumo de limón, un poco de sal marina sin refinar, un buen aceite virgen de oliva o sésamo… Según gusto y/o necesidad, se podría adicionar proteína de origen vegetal (quizá unos garbanzos) o animal en forma de pescado en conserva por ejemplo (bonito o caballa, etc.)

Si pensamos en términos de bocadillo se podría recurrir a un pan de pita integral y rellenarlo con verduras cocinadas o crudas. La posibilidad de preparar un guisadito a base de cebolla, calabacín, puerro, zanahoria, rabanito, acelga… acompañado con unos filetes finos de seitán o de tempeh o tofu da muy buen resultado. También el humus es una baza interesante.

Algunas almendras o avellanas o un poco de fruta de temporada, bien fresca bien cocinada pueden completar el menú o ser utilizadas entre horas.

Un surtido de bolitas de arroz integral con semillas de sésamo, umeboshi, algas, almendra, verdura, legumbre, chucrut… u otros, harán las delicias de no pocos/as aficionados a la macrobiótica.

Camping y viajes en caravana plantean una situación con exigencias concretas que piden preparaciones ágiles. Por ello, entre los valiosos e imprescindibles cereales, seleccionaría el mijo, la quinoa y, con moderación si el clima es caluroso, el trigo sarraceno; en tan solo quince o veinte minutos tendremos la base ideal para cualquier menú.

Aunque no poseen la calidad extraordinaria de los cereales en grano, se puede contar también con el bulgur, la pasta o el cuscús, eligiendo siempre que sea posible la opción integral. No olvidar las verduras que tan profusamente nos ofrece la época estival.

En esta tesitura, puede ayudar recurrir a unas buenas conservas de legumbres y/o de verduras que faciliten el aprovisionamiento y aligeren la dedicación durante estos días fuera de norma.

Es ideal recurrir al uso de ensaladas o de la socorrida paella cuando precisamos de opciones ampliamente aceptadas; firmemente enraizadas en nuestra tradición culinaria, resultan óptimas para disfrutar en grupo. Tendremos el éxito asegurado en ocasiones de compartir mesa con personas de diversas tendencias alimentarias.

ensalada
Desenvolverse en el comedor de un hotel o en un restaurante intentando mantener unos mínimos es perfectamente factible. La oferta de verduras y ensaladas es generalmente muy aceptable. En función de la disponibilidad y la apetencia, incluso un gazpacho puede ser una solución con que acompañar el caluroso clima de la época. Verduras, pescados o sepias, paellas, arroces, revueltos, setas, pastas… en sus diferentes versiones resuelven satisfactoriamente las expectativas de comidas o cenas.

La gastronomía oriental ofrece también menús muy interesantes.

En el caso de un buffet, es muy eficaz dar rienda suelta a la imaginación y preparar platos combinados con diferentes productos crudos y cocinados sin poner demasiadas trabas al resultado final. Todo tipo de verduras, legumbres, arroces, pastas, aceitunas, pescado, marisco, fruta… Preparar un plato bien diseñado, apetitoso y agradable a la vista y comerlo con pausa, saboreando y disfrutando de la situación.

En países exóticos, seleccionar una dieta con predominio vegetal es un buen punto de partida. En cada lugar, hacer aprecio a productos y platos locales forma parte de la experiencia. Si además se trata de alimentos naturales y saludables el disfrute estará potenciado al máximo.

En todos los casos, el hacer de las vacaciones un evento agradable, distendido, disfrutado y amable es la prioridad.

Mis mejores deseos para que, sea cual sea la opción, las vacaciones resulten a todas luces saludables, revitalizantes y renovadoras.

Fdo.: Paz Bañuelos Irusta

(Publicado en Vida Natural, nº Verano 2015)