Compartiremos, en esta ocasión, información y reflexiones acerca de la Salud.

 

Para quienes ya me conocen, será evidente que cuando hablo de Salud, estoy aludiendo a un estado pleno de bienestar que implica todas las facetas que conforman el ser; incorporo en ese concepto lo físico, lo mental y lo emocional… para empezar. Y desde ahí, tendremos bajo los pies un trampolín potente y eficaz para establecer un entorno personal y social favorable y también para reforzar el ser vibracional que somos.

Estar y sentirse en buenas condiciones físicas para “afrontar” con decisión cada jornada; saberse emocionalmente consistente, con la certeza de que cualquier situación que surja, sea prevista  o inesperada, sabremos recibirla y ubicarla sin perder el horizonte, aunque inicialmente quizá nos haga zozobrar.

El objetivo consiste en sentirse en posesión de los recursos necesarios para poder transformar ese trabajoso y esforzado “afrontar el día” en un “acoger” expectante y sereno.

La Salud nos aporta confianza en la propia capacidad, en la legitimidad y la autonomía de nuestros deseos y decisiones; nos empodera y nos da alas para proyectarnos más allá del yo. Es un generador de energía  que se retroalimenta  y, si le damos salida, fluye como un manantial; sólo hay que elegir la dirección. Aquello en lo que pongamos la intención consciente, allí donde depositemos una atención cuidada y perseverante, lo recibirá y en tal lugar se dejará sentir.

Desde ahí, estaremos dispuestos/as, a la medida de cada cual, a contribuir, a ofrecer colaboración, a desarrollar proyectos, a inventar, a crear, a innovar o revolucionar diferentes aspectos de la vida. A interactuar, en fin, con el entorno y con nuestros congéneres en pos de la salud y el bienestar global, sin el cual la propia abundancia carece de sentido.

Enlazamos así el micro-proyecto individual con un macro-proyecto colectivo, de mayor alcance del que sin duda toda la comunidad sale beneficiada y que nos otorga, como seres, otra dimensión.

Hay diferentes caminos para preservar y nutrir la Salud; incluso para recuperarla en los casos en que se ha perdido y el organismo cuenta aún con recursos suficientes.

El cuerpo es un soporte físico-químico; un sistema intercambiador de sustancias con el entorno, más o menos inmediato, del que toma los elementos con que abastecer sus necesidades cotidianas. Cada día entra en contacto con materias sólidas, líquidos, aire, radiaciones lumínicas, térmicas, electromagnéticas…  que inciden y/o se incorporan y, en consecuencia, ponen en marcha diferentes reacciones.

Es consecuente deducir que la calidad y cantidad de estos componentes ha de determinar también el estado del individuo que los hace suyos; por tanto, cuidar la selección de cada uno de ellos es altamente trascendente de cara al resultado que se obtiene de estas constantes y vitales transacciones biológicas.

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En este contexto, es de importancia absoluta buscar el modo de asegurar una adecuada oxigenación del organismo, no sólo procurándose inspirar un aire limpio y libre de contaminantes, sino también siendo conscientes de la calidad de nuestro proceso respiratorio. Dar profundidad a cada una de nuestras respiraciones, aprovechando un mayor porcentaje de la capacidad pulmonar y poniendo en marcha en cada ciclo la musculatura torácica diseñada para esta función y la gran potencia del diafragma; esa bóveda muscular que separa el tórax del abdomen gestionará con determinación la entrada y salida de aire en nuestro aparato respiratorio y con él del imprescindible oxígeno.

El proceso se completa al realizar actividades aeróbicas que estimulen el sistema cardio-circulatorio sin llevarlo al límite y sin sobre exigirlo en exceso; se contribuye con ellas a mantener una vascularización ágil y una eficaz aportación de oxígeno a los órganos nobles como el cerebro y a todos los tejidos y células de la economía corporal.

La optimización de estos procesos asegura, además, una eficiente recogida de las sustancias de desecho que se generan en el metabolismo celular, de igual modo que se genera basura en una casa, una oficina o un centro escolar. El drenaje fluido de estos residuos es fundamental para que la célula se desarrolle en un medio limpio, aireado y saludable, permeable a los nutrientes y al constante intercambio de elementos esenciales, sin los cuales la vida plena no es posible.

Algunas opciones realmente interesantes las aportan las culturas orientales. Su visión holística del mundo integra con naturalidad milenaria lo físico y lo energético en un juego de equilibrio en movimiento, afianzadas sus raíces en la ancestral filosofía de Tao: equilibrio, armonía, complementariedad de los opuestos, evolución constante… La práctica regular de disciplinas como el Taichi, Chi kung o Qi dong, Yoga… o, en la vertiente más marcial, el Aikido o el Kung fu  por ejemplo, son un muy buen soporte para desarrollar Salud.

La Alimentación es, por supuesto, protagonista indiscutible en este reparto. Lo que comemos pasa directamente a formar parte de nosotros/as mismo/as. No olvidemos que el aparato digestivo es un tubo que separa lo ajeno de lo propio; el exterior del interior. Las materias que en él introducimos se ponen en contacto directo e íntimo con la profundidad corporal. Por ello, las agresiones sufridas por esta vía conllevan una gran repercusión en la salud.

No es casual que la patología digestiva sea tan extremadamente frecuente en nuestra sociedad.

Hemos normalizado el consumo habitual de sustancias tóxicas. Ningún animal que conserve su instinto de supervivencia bebería alcohol o fumaría voluntariamente.

Ingerimos cada día químicos camuflados en los alimentos, así como medicamentos innecesarios que se cobran su tributo en forma de efectos secundarios y agreden nuestra salud.

Comemos alimentos alterados y empobrecidos bajo la engañosa denominación de “refinado”; azúcar, harinas, aceites, panes y pasteles, precocinados y envasados plagados de aditivos, golosinas, carne y derivados de animales criados en condiciones de maltrato y polimedicados…  Comemos productos radiados y modificados genéticamente…

Y… comemos demasiado. Ya no morimos por escasez; ahora lo hacemos por exceso.

 

Deslizándonos desde lo más físico a lo más sutil, llegamos al momento de abordar lo emocional; aunque este desglose es tan solo un simple ardid que nos permite simplificar. El organismo es uno; una unidad. Un único sistema integrado, donde aquello que ocurre en una de sus parcelas repercute en el todo invariablemente.

Hasta tal punto esto es así, que en esta interrelación reside el secreto profundo de la Salud.

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¿Por qué enfermamos? ¿Por capricho? ¿Por una suerte invertida? ¿Por castigo o redención?

La Psicosomática estudia la relación entre los procesos psico-emocionales y las diferentes enfermedades y/o síntomas.

Las emociones tienen como misión informar sobre el grado de bienestar de nuestras células y órganos; reflejar si están felices o insatisfechos y si sus necesidades biológicas están suficientemente cubiertas o en déficit.

¿He recibido el alimento físico, mental y emocional adecuado y suficiente? ¿He cubierto mis necesidades  de afecto? ¿Me siento segura/o… valiosa/o… en mi lugar… capaz…? ¿Puedo elegir? ¿Estoy a la altura? ¿Me siento con derecho a tener, ser, hablar, opinar, exponerme, hacer, decidir, disfrutar, rechazar, reclamar…?

Cualquier situación imprevista que ponga en peligro este tipo de cuestiones o que las niegue encerrándome en un lugar sin salida, pondrá en marcha emociones intensas e hirientes; si no encuentro el modo de resolverlas y darles una salida adecuada, quedarán grabadas como “situación peligrosa” bien generando enfermedad, bien quedando ocultas  como una semilla bajo la tierra. Si más adelante una circunstancia equis actúa como abono, dicha semilla germinará y dará lugar, tiempo después, a una patología en relación.

La causa primaria estará allá, en algún momento de la historia personal, enraizada y atrapada, dando sustento a ese proceso indeseado. Y es allí donde tendremos que ir a buscarla para extraer esa raíz y asegurarnos de que no quedan más semillas emocionales agazapadas escudriñando la ocasión de expresarse a contra pie. Ir hasta ellas, reconocerlas, acogerlas y ofrecerles un espacio protegido en el que ser liberadas en compañía y sin juicio, dejando sanado lo que sufrió y guardó en soledad.

 

Compleja, circular e interconectada. Así es la vida. Como tal hay que entenderla y como tal hay que abordar las dificultades que pueda entrañar. Sabiendo que ella misma pone en nuestras manos herramientas valiosas para dilucidar sus entresijos y resolver lo que inconscientemente nosotros/as mismos/as, por supervivencia, hemos anudado.

 

Sin duda, la SALUD es el mayor de los tesoros. Cuidémoslo.

Fdo.: Paz Bañuelos Irusta
— (Publicado en Vida Natural, Otoño- 2016) —