Últimamente en diferentes foros, revistas, televisión, prensa, calle… se oye hablar de Macrobiótica: cocina macrobiótica, productos macrobióticos, dietas macrobióticas,…

Muchas personas se preguntan qué es, de dónde sale y en qué consiste esto a lo que se otorga, en casos, la propiedad de preservar la salud. Creo que merece la pena dedicar unas líneas a aclarar estas dudas.

La Macrobiótica es una disciplina que tiene sus raíces en Japón. A finales del siglo XIX, el médico Sagen Ishizuka observó que los padecimientos de sus enfermos mejoraban considerablemente, incluso remitían, si se sometía al paciente a la dieta tradicional japonesa que, con la occidentalización de Japón había sido sustituida o desvirtuada en gran medida. Así, comenzó a prescribirla como herramienta terapéutica obteniendo resultados altamente positivos.

Creó escuela y, entre sus discípulos, contó con George Ohsawa, el hombre que divulgaría esta disciplina por todo occidente bajo la denominación de “Macrobiótica”, vocablo que ya utilizara un siglo antes un médico alemán en un tratado de salud titulado “Macrobiótica, o el arte de prolongar la vida humana“.

Ohsawa comprobó en propia carne los beneficios del método, lo estudió, investigó y experimentó hasta elaborar todo un sistema filosófico y de práctica cotidiana encaminado a potenciar la salud en todas sus facetas.

A lo largo de su vida viajó, enseñó y escribió profusamente mostrando su concepción de la Macrobiótica, a la que se dedicó hasta el momento mismo de su muerte en 1966. Dejó tras de sí una estela de discípulos, grupos de estudio, asociaciones, escuelas, centros de producción, comercios, restaurantes,… seguidores y transmisores de sus enseñanzas repartidos por Europa y EEUU.

George Ohsawa padre de la macrobiótica
La Macrobiótica plantea evitar los productos industrializados y seleccionar alimentos frescos libres de tratamientos químicos y propios de la época y el lugar donde se consumen. Considera de importancia primordial la manera en que cada alimento se manipula y se cocina, ya que estos procesos interfieren en las cualidades del producto inicial y modifican su asimilación por parte del organismo.

Pero… esto suena a simple teoría.

Lo realmente curioso es que cuando una se pone a experimentar con esta teoría, descubre que funciona magníficamente bien; descubre que siguiendo sus directrices se evidencia una mejora de la salud con digestiones fáciles, sueño más reparador, piel más tersa e hidratada, pelo y uñas más fuertes, ganancia de vitalidad y capacidad de concentración, mayor resistencia a infecciones, mejor estado de ánimo, remisión de dolores,… y un largo etc. de beneficios que se conquistan a través de cambios en la forma de alimentarse y que se mantienen y se consolidan con el tiempo.

Por supuesto, los análisis bioquímicos reflejan estos logros con recuperación de anemias, corrección de las tasas de colesterol, triglicéridos, glucosa, ácido úrico,…

Y este resultado se obtiene, simplemente, revisando y reestructurando el qué como, cuándo lo estoy comiendo y cómo lo he de elaborar para que se adapte a mis necesidades particulares.

Es un método sencillo con enormes posibilidades de cara a preservar la salud o recuperarla.

Sus enseñanzas tienen múltiples coincidencias con las recomendaciones que sobre alimentación hace la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud).

Al igual que la OMS, aconseja una dieta con claro predominio de hidratos de carbono completos y de calidad, aporte moderado de proteínas, sin olvidar las de origen vegetal y consumo muy moderado de grasas saturadas.

Estas recomendaciones, traducidas al menú diario, suponen comer arroz y otros cereales integrales frecuentemente, emplear legumbres y pescado, priorizar las verduras de cada época y cocinar con aceite virgen. ¿…No suena familiar?

¿Cómo introducirse en ella?

Al igual que cualquier cambio, la reestructuración de la alimentación precisa de información adecuada.

Es aconsejable contar con asesoramiento cualificado para diseñar pautas adaptadas a cada persona y su circunstancia, de modo que el cambio sea progresivo, comprendido y deseado.

Publicado en Guía Salud, 2010. Bizkaia.