Se engloban bajo esta denominación las enfermedades cuya incidencia ha aumentado a medida que la sociedad mejora sus condiciones de vida y bienestar.

Afectan a un porcentaje importante de la población, cada vez a edad más temprana, influyendo en su calidad de vida y en su longevidad. Entre ellas se incluyen la diabetes, la obesidad o la hipertensión arterial, por ejemplo.

A la vista del inmenso cambio vivido, en el último siglo, respecto a las condiciones higiénicas de nuestras viviendas, nuestras calles y lugares de trabajo así como la enorme evolución de la asistencia sanitaria y la medicina, sería lógico esperar que el ser humano hubiera incrementado equivalentemente su estado de salud; sin embargo, no ha sido así. Todo ese desarrollo ha alargado la expectativa de vida y ha disminuido considerablemente la mortalidad infantil, pero no ha conseguido un individuo sano física, psíquica y socialmente.

Alimentación y “Enfermedades de la civilización”. Artículo escrito por Paz Bañuelos

Por el contrario, un altísimo porcentaje de la población joven y adulta padece patologías crónicas y degenerativas sin aparente posibilidad de resolución: artritis, fibromialgias, obesidad, diabetes, alergias, intolerancias, hígado graso, cáncer, dislipemias, litiasis de repetición…

Además, este tipo de padecimientos ya empiezan a ser habituales en los niños/as.

¿Qué está ocurriendo? Contaminación, radiaciones, estrés, alimentación…
Los niveles de contaminación y radiactividad, así como de estrés se han incrementado tremendamente y su recuperación exige concienciación, medios y tiempo.

La Alimentación también ha sido radicalmente modificada en este proceso de civilización; de una producción natural regida por los ciclos anuales, hemos pasado al uso y abuso de fertilizantes químicos, herbicidas y pesticidas, hormonas, antibióticos, antifúngicos, conservantes, colorantes, espesantes, potenciadotes del sabor, edulcorantes, … una interminable lista de productos químicos que invaden cada uno de los productos que empleamos para alimentarnos.
¿Qué estamos comiendo? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando metemos dentro de él todos estos componentes, cada día? ¿Sirven para nutrir nuestras células? ¿Son el alimento adecuado para ellas?

Da la impresión de que estos productos invaden los alimentos de igual modo que la polilla o las termitas invaden la madera. Se instalan en ella y soterradamente, sin que se note, van cambiando sus características, debilitándola y, finalmente, destruyéndola. ¿Emplearía una madera con carcoma para construir su casa? Me pregunto por qué no valoramos igual la materia prima con la que construimos nuestro propio cuerpo.

Si en nuestra alimentación incorporamos cada día todos estos tóxicos químicos… ¿dónde quedan la capacidad de desintoxicación de nuestro hígado y la función eliminadora de riñones, pulmones, intestino, piel? ¿Realmente creemos que es ilimitada… o, quizá nunca nos hemos parado a pensar en ello?

Cuando los órganos son obligados, continuamente, a eliminar tóxicos terminan por agotar su capacidad de respuesta; se ven desbordados y, como consecuencia, las sustancias no útiles y nocivas se van acumulando en nuestro cuerpo hasta originar un estado de intoxicación que nos lleva a la enfermedad, por bloqueo de la capacidad funcional de las células y los órganos. Nuestro hígado, nuestro páncreas, nuestros riñones… son devastados.
Si el aporte de estos componentes nocivos no cesa, la enfermedad se cronifica o desemboca en grandes patologías como el cáncer.

Quizá no nos resulte fácil elegir el aire que respiramos o disminuir las radiaciones a las que estamos expuestos diariamente; sin embargo, en el factor Alimentación si podemos incidir de manera inmediata porque cada cual puede elegir lo que quiere o no quiere comer.
Por suerte, éste es un aspecto determinante para la buena salud; un organismo correctamente nutrido estará en condiciones óptimas para defenderse de esas otras agresiones que nos acechan y quedan más lejos de nuestro alcance.

Aprender a comer salud, solo requiere intención, información y pasar a la práctica poniendo en marcha los cambios necesarios para iniciar el proceso de limpieza de la casa que habitamos cada instante de la vida: nuestro cuerpo.

Porque un organismo depurado y bien nutrido no solo soporta mejor el estrés y la contaminación, sino que, además, disfruta más y mejor de la vida.

Que tu alimento sea tu medicina.

Publicado en Guía Salud, 2009. Bizkaia