Alimentarse consiste en seleccionar e ingerir sustancias asimilables por el organismo para su subsistencia.

La Alimentación es un proceso voluntario (yo elijo alimentarme) que está condicionado por diferentes factores fisiológicos, culturales, sociales, geográficos, económicos…

Nutrirse es otra cosa. Es la consecuencia de alimentarse; mejor dicho, debería serlo. Incluye los procesos de transformación, asimilación, distribución y aprovechamiento a nivel celular de los componentes contenidos en los alimentos ingeridos. O sea, que después de que comemos algo, ese algo debe ser desmenuzado y transformado para poder pasar de nuestro estómago e intestino a la sangre y de ésta a las diferentes células del cuerpo, que son quienes realmente se lo van a comer y a quienes tiene que aprovechar esa comida. Si esto no se consigue, nuestro alimento no ha servido para nada.

alimentarse vs nutrirse. Artículo de Paz Bañuelos

Cuando los alimentos son adecuados para nutrir correctamente cada célula, nuestro cuerpo está sano, equilibrado, vital, resplandeciente y dispuesto para enfrentar los retos de cada día.

¿Es así como luce su cuerpo? ¿Cómo dice…? ¿…No es éste su caso? Pues… ¡atención! Algo falla en su selección de alimentos.

No voy a intentar consolarle con el mal de muchos… Sin embargo, si voy a hacerle saber que un alto porcentaje de las personas que están leyendo este artículo habrán llegado a la misma respuesta que usted.

Esta sociedad de consumo que hemos creado nos sitúa en un mar de confusiones respecto a cómo debemos alimentarnos. Tenemos acceso a más “información” y a más productos que nunca, recibimos recomendaciones a destajo, las dietas llenan portadas, parece que todo el mundo supiera qué debe comer…  Entonces…  ¿por qué mi cuerpo no está sano, equilibrado, vital, resplandeciente y dispuesto para enfrentar los retos de cada día?

Nosotros, los más ricos del mundo, los más avanzados, los más cultos, los más acomodados, los mejor cuidados, los más envidiados, somos también los más diabéticos, los más hipertensos, los más enfermos crónicos, los más alérgicos, los más medicados, los más deprimidos, los más insatisfechos.

El creciente progreso… ¿no debía ir acompañado de una salud también creciente?

Volvamos la mirada a nuestra dieta y encontraremos respuestas interesantes.

Hoy, nuestra dieta habitual ha sido invadida por productos que llamamos alimentos; pero cuya ingesta no va seguida de la esperada nutrición.

Sustancias que no merecen la denominación de alimento; debiéramos llamarlos, como mucho, “comestibles” porque son  productos que se pueden comer, pero no nutren, sino que desnutren y, por tanto, no cumplen el requisito de ir encaminados a la subsistencia del individuo, de nutrir cada célula y de preservar la salud entendida como equilibrio, vitalidad y capacidad constante de adaptación.

Los alimentos deben ser reconocidos por el organismo. Si tenemos en cuenta que nuestra fisiología es idéntica a la de los humanos de la Edad de Piedra, entenderemos fácilmente que nuestro organismo actual no reconozca la mayor parte de los productos transformados que guardamos en nuestras despensas.

Galletas, jamón york, yogures y mousse, pan de molde, gusanitos, cocacolas, chocolate, petit-suisse, pizzas… Hemos convertido en imprescindibles productos que, lejos de nutrir nuestras células, las acidifican y las enferman.

Todas estas patologías que hoy nos invaden y que hemos llamado “enfermedades de la civilización” mejoran considerablemente cuando retiramos de la dieta estos comestibles y los reemplazamos por alimentos naturales, integrales y frescos, libres de tratamientos químicos y manipulaciones industriales.

El sustento básico de la SALUD es una adecuada alimentación, al igual que la causa primera de la enfermedad es una dieta inadecuada.

Somos lo que comemos porque cada célula de nuestro cuerpo se teñirá de eso que hemos comido; desde nuestras uñas hasta nuestro corazón o nuestras neuronas.

Habremos de comer alimentos sanos y vitales si es eso lo que queremos obtener y cultivar.

Solo así conseguiremos un cuerpo sano, equilibrado, vital, resplandeciente y dispuesto para enfrentar los retos de cada día.

 

Un cordial saludo.


Publicado en Guía Salud, 2011. Bizkaia.