El exceso de peso representa una cuestión de trascendencia en nuestro mundo actual. Consecuencia de una alimentación inadecuada en cantidad y calidad, de una vida demasiado sedentaria, de creencias y estructuras sociales que priman el comer mucho frente al comer bien, está ganando adeptos cada año a pesar de ser considerado, por todos, un problema de salud.

Son muchos los factores implicados en el sobrepeso y la obesidad, tanto a nivel social como individual, y son varios los puntos que abordar para resolverlo. Entre todos ellos, la faceta más reclamada a la hora de afrontar el sobrepeso, es la relacionada con la alimentación y es lo que, en esta ocasión, vamos a considerar.

No cabe la menor duda de que en este asunto, el cómo nos nutrimos desempeña un papel primordial y que atenderlo es ineludible si queremos obtener resultados visibles, rápidos y duraderos.

La pérdida de peso precisa de una revisión de la dieta habitual de la persona. Partiendo de ella, habrá que aplicar las correcciones necesarias para transformarla en una herramienta de salud, respetuosa con los requerimientos del organismo en su conjunto y capaz de proporcionar equilibrio y restablecer el peso óptimo.

Porque, no nos engañemos, el sobrepeso y la obesidad solamente son la punta del iceberg; un síntoma que indica desarreglos y desajustes internos y se acompaña con frecuencia de lesiones orgánicas incipientes o ya establecidas.

Por ello, el objetivo es corregir el sobrepeso existente de modo que, al mismo tiempo, el organismo restablezca sus funciones; así, la persona podrá observar y sentir cómo se potencian su bienestar y su energía general. El objetivo es perder peso, ganando salud.

Desde aquí, podemos hacer un planteamiento altamente efectivo, además de refrescante e integrador.

Abordar un plan de adelgazamiento, no tiene por qué conllevar el tedioso proceso de pesar cada alimento y sumar o restar calorías. Hoy sabemos que las calorías no lo cuentan todo. Es más; sabemos que quedarse enredado en ellas impide que atendamos necesidades prioritarias para el correcto funcionamiento corporal.

Es preciso establecer unas comidas libres de tóxicos que dañarían intestinos e hígado, para empezar; comidas abundantes en aportes esenciales con que nutrir las células, ricas en la fibra alimentaria imprescindible para la supervivencia y desarrollo de una flora digestiva sana, productos tratados respetuosamente que mantengan sus propiedades intactas al momento de ingerirlos.

La fuerza radica en la utilización de alimentos altamente eficientes para el organismo. Los alimentos verdaderamente naturales e integrales aseguran una calidad y variedad de nutrientes que no podemos encontrar en los comestibles procesados o refinados. Por supuesto, es imprescindible prestar toda nuestra atención a las características individuales y adecuar las pautas y los menús con tanto mimo y detalle, como si de hacer un traje a medida se tratara.

Los beneficios obtenidos, desde este planteamiento, son múltiples:

  • Asegura la saciedad y la satisfacción tras cada ingesta.
  • Educa los hábitos alimentarios en pos de una salud integral a largo plazo.
  • Restaura el intestino nutriendo y reforzando la microbiota beneficiosa.
  • Reduce la inflamación, corrigiendo desarreglos y síntomas en los diferentes órganos y sistemas corporales, regulando las funciones digestivas, saneando la sangre, rejuveneciendo la piel, mejorando la capacidad de concentración, la calidad del sueño, la resistencia al estrés, la función articular, etc.
  • Aporta solidez emocional y sosiego que afianzan la autoestima.
  • Proporciona tono a los tejidos y revitaliza la piel.
  • Consigue pérdidas de peso constantes y evidentes desde el inicio.

Promoviendo el uso de alimento ecológicos, evitaremos químicos tóxicos, de uso estandarizado en los procesos agrícolas y en la cría de animales, que dañan la pared intestinal y secundariamente el hígado y el resto de órganos. Diseñaremos menús enfocados en optimizar la salud digestiva, la asimilación de los nutrientes y la eficacia metabólica, saneando la función celular. Cuando la situación lo requiera, corregiremos la diabetes o aliviaremos la hipertensión o la anemia o el hígado graso o… que pueda sufrir el/la paciente.

No hay que olvidar, que las alteraciones en cantidad o calidad de los microorganismos simbióticos que habitan en nuestro digestivo, afectan también a la producción de tejido graso en exceso. Esta patología, la disbiosis, tiene mucho que decir en el sobrepeso y en la tendencia crónica a acumular kilos de más. Conocer el estado de estos microorganismos intestinales y restaurar su equilibrio contribuye poderosamente a optimizar el peso corporal a largo plazo y a restablecer la salud física y emocional. No podemos ignorar sus exigencias si pretendemos obtener resultados duraderos y un buen estado de salud general.

Para ello, precisaremos de verduras, cereales integrales, legumbres, semillas y frutos oleaginosos… Es esencial contar con esta materia prima de altísimo valor nutricional que aportará, además, la fibra necesaria para restablecer, nutrir y afianzar cada día la eubiosis de nuestra microbiota, estableciendo las bases adecuadas para desarrollar un alto rendimiento biológico en el conjunto del organismo.

En cada caso, valorar la frecuencia y la cantidad apropiadas en el consumo de pescados, carnes o huevos, adaptándolo a las necesidades individuales, y buscando las preparaciones más acordes con el caso concreto. Contar con la asociación de condimentos diferentes, según la situación, así como preparados fermentados, aportará los beneficios de sus efectos alcalinizantes, antioxidantes, antiinflamatorios, prebióticos o probióticos que ayudará a restituir la asimilación y aprovechamiento de nutrientes en toda la economía corporal.

La individualización del proceso es la clave. No hay dos casos iguales ni dos abordajes idénticos.

Obtener los mejores resultados en la pérdida del peso sobrante, demanda una actuación personalizada en la que sean contemplados los múltiples factores que se esconden detrás de este desarreglo orgánico; un desarreglo que se manifiesta en forma de sobrepeso reincidente y que se delata como grave en los casos de obesidad. Es erróneo considerar el sobrepeso como una circunstancia aislada. Su presencia está pidiendo una atención de mirada amplia y dispuesta a corregir y evitar riesgos mayores en la salud de la persona.

Démosle a este nuestro cuerpo lo que necesita y él nos devolverá bienestar.

Es el trampolín desde donde abordar el sobrepeso; el salto definitivo para perder peso, ganando salud.

Fdo.: Dra. Paz Bañuelos Irusta